“Doppelbock ahumada” – Schlenkerla

Aprovecharé este artículo para comentar mis impresiones sobre esta cerveza y además para dar a conocer un estilo, no demasiado habitual, como es el de las “Rauchbiers“, “Smoked beers” o Cervezas Ahumadas.

Es un estilo que hoy en día se relaciona directamente con Alemania. En idioma Alemán, rauch significa humo. La cerveza ahumada es un estilo que se mantiene vivo, entre otros lugares, en la ciudad de Bamberg  (en la región alemana de Baviera) desde la época en que se utilizaba fuego de madera de haya para secar los granos de cebada, al final del proceso de malteado.

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En este artículo (clic para verlo completo) explicábamos como el uso de madera en los antiguos hornos de malteado pre-industriales, terminaba siempre por quemar las maltas. El carbón mineral, el diseño de hornos modernos y los nuevos métodos de secado fueron aclarando las maltas y afinando sus duros matices ahumados.

Así que tras la revolución industrial, en el Siglo XIX, sólo los alemanes, y algunos pocos países europeos se quedaron con la receta de las cervezas ahumadas y decidieron seguir elaborándolas por pura tradición. Por gusto. Si bien algunas cervecerías artesanales, hoy en día, se han dispuesto a crear sus propias versiones, algo que los amantes de la cerveza agradecemos.

Si hablamos de esta cerveza en cuestión, en la Doppelbock de Schlenkerla para detener la germinación de las semillas, la malta verde (hoy en día) se sigue secando en hornos donde arde madera de haya. El fuego calienta el aire de secado y el humo resultante le da a la malta el típico sabor ahumado. Lo que da lugar a la singular “Malta Ahumada”.

Las “Rauchbiers” alemanas son, en general, cervezas de fermentación baja Lagers que poseen un color castaño, marrón oscuro o negro, con una graduación media-baja y que al servirlas lo primero que se percibe en la copa es ese característico aroma ahumado. Intensos tonos que permanecen también en boca, con recuerdos a especias tostadas y carne ahumada.

Esta cervecería Schlenkerla está especializada en las cervezas ahumadas y, no podía ser de otra manera, se encuentra en la ciudad de Bamberg.

Aquí un enlace a su web: https://www.schlenkerla.de/indexe.html

Dentro de la gama ahumada de esta cervecería, esta cerveza es una “Doppelbock”: una cerveza lager fuerte, oscura, con más cuerpo, el doble de densidad y el doble de alcohol que sus hermanas menores las “Bock”. Las maltas se imponen claramente a los lúpulos en este estilo de carácter carameloso e intenso.

Nombre: “Aecht Schlenkerla Eiche Doppelbock

Estilo de la cerveza: Doppelbock (ahumada con madera de haya) – Rauch Doppelbock

Grado de alcohol: 8% – 40 IBUs

Formato de la cerveza: 500ml

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Diseño: Botella compacta, tamaño pinta (medio litro). La tipografía (escrita en Alemán) mantiene un marcado carácter tradicional, con letras de clara influencia medieval. En la chapa y en el collarín de la botella vemos el logotipo de Schlenkerla (un paisano, no muy tieso, con un bastón y una jarra de cerveza).

En Alemán podemos traducir SchlenkerSchlenkerla como “escorarse” o “caminar torcido”. La leyenda habla de que uno de los primeros propietarios de la marca no caminaba del todo recto (bien por algún accidente o discapacidad) y se adoptó ese adjetivo como el nombre comercial. Bien fuera por cojera natural, porque se le rompió un tacón de la bota o porque llevaba tomadas varias cervezas de más, es un nombre más que acertado para una cervecería.

Esta cerveza tiene una puntuación de 99 sobre 100 en la web-social cervecera Ratebeer: https://www.ratebeer.com/beer/aecht-schlenkerla-eiche-doppelbock/110514/

Fases de cata:

Deschapado normal, no se aprecia una excesiva gasificación. Al servirla se crea una densa espuma color crema. Buena retención. La apariencia es cristalina sin ningún tipo de sedimentos, ni en la copa, ni en el botellín.

Su color es castaño con reflejos rojizos. Limpísima.

Servida fría, en nariz destaca el aroma ahumado. Un intenso tono ahumado invade la habitación. Cuando se atempera, el aroma se vuelve mucho más dulzón. Mucho más redondo. Sigue destacando ese tono de humo, de carne asada a la brasa, con un fondo de caramelo maltoso.

En boca cuerpo medio-alto. Cálida y de carbonatación muy baja. A penas se aprecia gas. La notamos moderadamente dulce pero el amargor compensa el final del trago y la hace ser poco empalagosa. Muy buen equilibrio entre los tonos maltosos dulzones y el amargor herbáceo final del lúpulo (Hallertau).

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Sabor con muchos matices, destacando sobre todo el ahumado. Azúcar quemado, frutas maduras y ese gusto de humo elegante. Ese sabor que algunos asocian a la panceta ahumada.

El pot-gusto es muy largo disfrutando de esas notas tostadas y ahumadas. No se notan, para nada, los 8% aunque es una cerveza pensada para tomar despacio, o para maridar con carnes asadas, con el clásico codillo de cerdo, o las clásicas salchichas blancas de Baviera “Weisswurst.

Personalmente, me ha resultado una cerveza muy sabrosa y con mucha personalidad. Además de tener lo mejor de las “lagers negras potentes” (que me encantan) nos encontramos con el matiz único de las maltas ahumadas. Pudiendo pensar que medio litro es demasiado (por el tono maltoso y por tanto humo) no es, ni de lejos, una cerveza que se haga pesada.

Cada día que pasa me voy dando cuenta de que con un buen uso de las maltas (amén de las levaduras) se pueden crear unas cervezas maravillosas. Únicas. Una buena reflexión que me planteo a las puertas del verano. Esa época del año en la que, esas mismas maltas, se convierten en las “hijas bastardas” de los todopoderosos lúpulos aromáticos.

Pues ténganlo en cuenta. Una vez que nos hayamos bebido todas las IPAs, NEIPAs y zumos lupulados del universo, siempre nos quedarán las maltas para recrearnos en los matices más oscuros y elegantes de la cerveza. Salud.

 

 

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“KBS” – Founders Brewing Co.

Será por que este invierno llegó muy tarde y le está costando marcharse, que me vuelvo a sumergir de cabeza en un intenso petróleo. Vuelvo a bucear en el bourbon, en el café y en los aromas licorosos de esas cervezas que quienes las elaboran lo hacen, simplemente, por el gusto de hacerlo.

Hoy ha tocado catar la KBS un cervezón elaborado en Grand Rapids (Michigan), en el noreste de los Estados Unidos, donde se encuentra la cervecera FOUNDERS (pincha en este enlace para acceder a su web).

El “claim” de estos cerveceros es: “we don´t brew beer for the masses” (no hacemos cerveza para las masas) a lo que añaden:
“Nuestras cervezas están hechas para unos pocos elegidos, un pequeño grupo de renegados y rebeldes que disfrutan de una cerveza que supera los límites de lo que comúnmente se acepta como sabor. En resumen, hacemos cerveza para personas como nosotros.”

La Kentucky Breakfast Stout (KBS) es su cerveza más codiciada, elaborada por los fundadores. KBS es una Imperial Stout americana con un alto porcentaje de alcohol (11.2%). Elaborada con café y chocolate, la cerveza se deja madurar durante un año en barriles de bourbon debajo de la ciudad en antiguas minas de yeso. Cada año, Founders celebra el lanzamiento de esta cerveza durante lo que se conoce como la KBS Week.

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Nombre: “KBS” (A flavored stout) elaborada por Founders en Grand Rapids (Michigan) USA.

Estilo de la cerveza: Imperial Stout (Bourbon Barrel-Aged Chocolate Coffee Imperial Stout)

Grado de alcohol: 11,9% con 70 IBUs de amargor.

Formato de la cerveza: 355ml

Diseño: La botella es un pelín chata con un poco más de capacidad que lo habitual. Entre el collarín del botellín y el cuerpo se aprecia el nombre de la marca en relieve: Founders Brewing Co. En el cuello de la botella, a modo de collarín,  vemos una etiqueta con el logotipo de la marca. La etiqueta principal es bastante sobria (aunque aparece bastante texto). Lo más destacable es la tipografía utilizada, estilo “far west”, donde destacan las tres letras que dan nombre a la cerveza K B S.

Esta cerveza tiene una puntuación de 100 sobre 100 en la web-social cervecera Ratebeer: https://www.ratebeer.com/beer/founders-kbs-40kentucky-breakfast-stout41/40544/

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Fases de cata:

Deschapado normal, no se aprecia una excesiva gasificación. Resulta muy densa al servirla. Oleosa. Se crea una densa espuma marrón con una buena retención. La apariencia en la copa resulta espectacular. Mínimo resto de sedimentos en la copa, casi inapreciables.

Su color es negro, pero negro como la boca de lobo. Muy cubierto. Esta cerveza es completamente opaca.

Servida fría en nariz destaca el aroma del café. Granos de café tostados, ceniza de madera. El aroma en conjunto es muy tostado pero el fondo es dulce. Potente golpe de torrefactos.

Cuando se atempera el aroma se vuelve mucho más goloso. Mucho más completo. Con el café presente, acompañan el chocolate, el regaliz y ese tono de whisky/bourbon licoroso que lo envuelve todo. Los tonos balsámicos y dulces se equilibran con los tostados.

En boca apreciamos cuerpo medio-alto, es densa. Cálida y de carbonatación muy baja. A penas se aprecia gas. Me ha gustado mucho como se equilibran el amargor (los lúpulos están bastantes presentes en este aspecto) y los tonos licorosos y dulces. Trago cremoso, aterciopelado, amargo y de final tostado dulce.

En sabor encontramos muchos matices pero quedan muy marcados el tono seco del roble y el tono cálido del bourbon. Amargor y dulzor. Regaliz, café, vainilla y maltas tostadas. Muy sabrosa.

El pot-gusto es largo, disfrutando de esas notas especiadas del roble y los tostados. Se notan bastante los 11,9% pero no resulta ofensiva. En el final nos encontramos con el punto alcohólico, notamos como calienta al pasar.

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En general estamos ante una cerveza seca, tostada, dulce, sedosa y amarga. Muy intensa.

En cada trago que doy me transporto al lejano oeste. A esos cafés de puchero bebidos por los cowboys en tazas de metal. Al humo de las hogueras en las que asan las chuletas de vaca. Y al ardiente trago del forajido que bebe chupitos de whisky, a palo seco, en la barra del Saloon. Todo esto y mucho más lo encontramos en esta cerveza.

No es raro que las valoraciones de muchos amantes de la cerveza hagan que, por meritos propios, se encuentre entre las 30 mejores del mundo. Si un día de estos esta cerveza se cruza por delante de vuestros morros, no dejéis pasar la oportunidad. No os vais a arrepentir. Eso sí, os recomendaría beberla sin prisas y relajados. Tiene mucho que decir. Salud.

“Barley wine 2017” – Lervig

Hasta la fecha todas las cervezas que aparecían en este Blog eran “producto nacional”. Hasta hoy. Hoy cruzamos las fronteras (más o menos difusas) de nuestro país y nos marchamos a Noruega – “Tierra de Vikingos”.

Cuando pensamos en cervezas de importación, pensamos en cervezas de Bélgica, Alemania, USA… pero no debemos olvidar que en el extremo norte de la península escandinava viven los noruegos, herederos directos de los Cerveceros Vikingos.

Y  parece que los cerveceros nórdicos quieren conquistar la cima de la cerveza artesanal  mundial a golpe de hacha y a sorbo de cuerno.

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Lervig Aktiebryggeri (mas conocida como Lervig – a secas -) ubicada en Stavanger (Noruega) es una de  esas  cervecerías artesanales independientes que, por derecho propio, se están haciendo un hueco en el Olimpo de las craftbeers.

Su gama de cervezas ronda ya los treinta tipos diferentes (incluyendo colaboraciones diversas). Aquí tenéis un enlace a su web para que podáis curiosear un poco: http://lervig.no/en/

Su “Barley Wine 2017” es mi elección. Un coupage de cervezas fuertes envejecidas, como mínimo, 12 meses en diferentes barricas de bourbon y mezcladas con una parte de la cerveza fresca de ese año. Haciendo, en este caso, un doble hervido de los mostos para alcanzar una mayor densidad y concentración de azúcares y casi rozar la caramelización de esos azúcares.

El proceso de maduración de estas cervezas es parecido al que siguen algunos vinos de Jerez y de Oporto, lo que sumado a su potencia (son cervezas de alto grado de alcohol) hace que se definan como “Vinos de cebada” (Barley wine).

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Nombre de la cerveza: “Barley wine 2017” (aged in bourbon barrels for 12 months) elaborada por Lervig Aktiebryggeri en StavangerNoruega.

Estilo de la cerveza: Barley Wine

Volumen de alcohol 12,9% y 40 IBUs de amargor

Se han usado para la elaboración, las maltas: Munich, Caramel y Chocolate. Como único lúpulo: Styrian Goldings

Formato de la cerveza: 33cl

En cuanto al diseño de la etiqueta, pues sigue la línea más lisérgica de la marca. No hay letras, no hay explicación (eso se queda para la contra-etiqueta). Simplemente un dibujo.

En una gama de colores fríos, vemos dibujado un personaje extasiado y aparentemente gigantesco, tumbado sobre un bosque boreal (coníferas) y contemplando en el cielo lo que parecen ser las Nothern lights (la aurora boreal). En la esquina superior derecha vemos la añada (2017) y en la inferior derecha aparece el logotipo de la marca (una estrella entre corchetes).

No es un diseño que me apasione. De hecho, a primera vista, es difícil distinguir nada en la etiqueta. Aunque, por el tono de los colores, el botellín puede destacar junto a otros. Mi adaptación libre de la imagen viene asociada al hecho de que esta cerveza está pensada para el disfrute y la contemplación. Para admirarla con la misma fascinación con la que los turistas contemplan ese fenómeno natural único en las regiones polares que es la Aurora Boreal. Y aquí termina mi divagación interpretativa del diseño. Fin de la lírica.

Esta cerveza tiene una puntuación de 100 sobre 100 en la reputada web-social cervecera Ratebeer: https://www.ratebeer.com/beer/lervig-barley-wine-2017-ba-bourbon/577654/

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Fases de la cata:

Deschapado de sonido normal. Cuerpo denso al servir, genera una leve pero cremosa espuma color castaño. Al tratar de airearla un poco me encuentro con un fenómeno curioso. Y es que, terminada de servir, chisporrotean una buena cantidad de finas burbujas en la superficie de la copa, incluso el sonido que se aprecia recuerda al de algunos refrescos al servirse. Este burbujeo cesa en unos segundos. Y se nos queda una imperceptible corona beige en una balsa de aceite. También se aprecia un mínimo de sedimento (levaduras) en el fondo del botellín, pero nada fuera de lo habitual.

Su color color es negro, tirando hacia el castaño, con ribetes cobrizos. Es prácticamente opaca.

Servida fría, en nariz, destaca los tonos muy dulces. Tiene un carácter tostado y confitado muy agradable. Es una compota dulce de higos, ciruelas pasas, azúcar quemado y vainilla. Está claro que los aromas dominantes en esta cerveza son los dulzones de la malta y los del bourbon/roble. Una delicia solo oliéndola.

Ya atemperada, era de esperar que se intensificaran los matices dulces. Y así es. Las notas de vainilla y caramelo se salen de la copa, pero se impone un tono balsámico procedente del bourbon y del roble.  Aromas licorosos tipo whisky.

En boca es densa, muy cálida (aunque el alcohol está muy bien integrado) y con una carbonatación media-baja. Se nota alguna fina burbuja jugueteando por la punta de la lengua. Trago agradable y untuoso. De fondo podemos encontrar cierta astringencia por la barrica de roble y un pelín de amargor. En general estamos ante una cerveza de dulzor notable, aunque muy potente. El lúpulo en este caso se ha usado simplemente como puntal para sostener una compleja estructura de golosos sabores. Cerveza muy intensa pero muy armónica.

Sabores en boca deliciosos, dulces. Mucho caramelo, frutas maduras, vainilla y el fondo tostado de la barrica de bourbon. Cremosa y de paso por boca nada pesado. El pot-gusto es larguísimo disfrutando de esas notas caramelizadas y licorosas que se reparten todo el paladar. Agradezco que, en este caso, la presencia del bourbon/roble esté tan bien integrada. Se aprecia cierta astringencia final, pero en perfecto equilibrio. Un equilibrio que en otras cervezas “Barrel aged” es difícil de encontrar.

El volumen de alcohol es de 12,9% y se nota. Se nota que no estamos bebiendo agua mineral aunque en su esencia, esto que estamos tomando, es agua con una concentración importantísima de elementos que la hacen única. Es una pedazo de cerveza para el deleite de los sentidos.

Algunos la probarán y pensarán que esto no es cerveza. Que está muy lejos de ser refrescante y ligera. Que esto es un licor para tomar de postre. Cierto. Puede ser que este estilo no guste a todo el  mundo. Pero sin duda estamos ante un producto inmejorable.

Como suelo decir a menudo, es una cerveza para prestarle atención y tomarla poco a poco disfrutando de todos sus matices (que son muchísimos). Disfrutando de su dulzor y de su complejidad.

Y es una cerveza que vale cada uno de los céntimos que cuesta.

¿Quieres decir que es una cerveza muy cara?

Quiero decir que es una cerveza cuyo precio es acorde a su valor. Esta cerveza (33cl) cuesta más o menos lo que una copa en una discoteca. Y, sin duda, que la estoy disfrutando mucho más y además sabiendo que me estoy tomando una bebida “de primera calidad”. Así que eso de “caro” o “barato” que lo juzgue cada cual.

Yo os dejo con esa reflexión, porque todavía me queda media copa y la quiero disfrutar tranquilamente. Salud.

Estilos de Cerveza – Pale Ale

Dentro del mundo de la cerveza nos encontramos con algunos estilos que han surgido de la forma menos pensada. En la aparición de estos nuevos estilos han entrado en juego factores como la industrialización, el comercio exterior, los ingredientes locales, etc. Podríamos asegurar que algunas de las cervezas más populares de hoy en día simplemente aparecieron gracias a una feliz casualidad, a la suerte. En este artículo trataré explicar los orígenes de la cerveza tipo Pale Ale.

Cerveza “Pale Ale” se puede traducir como “ale pálida, o “ale clara” y define a un estilo surgido en Inglaterra en el siglo XVII. Situamos su origen durante la Revolución Industrial y su aparición se vincula estrechamente a las mejoras técnicas llevadas a cabo en la industria siderúrgica inglesa.

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Empezaremos explicando que en el Reino Unido, hasta antes de la Revolución Industrial, la mayoría de las cervezas eran de color oscuro. La razón es muy fácil de entender: las maltas que se utilizaban en la elaboración estaban muy tostadas.

Pensemos que, antes de la Revolución Industrial, se utilizaban como combustible en los hornos de malteado la madera o el carbón vegetal. En los hornos antiguos, y con esos combustibles, era muy difícil controlar las temperaturas de combustión. Malteando en estas condiciones, los granos tenían siempre un carácter ahumado y colores muy oscuros. El resultado obtenido era siempre maltas muy tostadas o incluso quemadas.

Como punto clave en la mejora de los tostados de malta nos encontramos en 1642 con el inicio del uso, en la industria Inglesa, del carbón mineral (coque/coke) como combustible. El coque/coke es un derivado (un destilado) de los carbones minerales más bastos. Es sometido a un proceso que elimina el alquitrán, los gases tóxicos y el agua, llegando a concentrar entre un 90 y 95% de carbono (que es el principal elemento para la combustión). Lo mejor de todo es que este tipo de carbón genera una gran cantidad de calor sin emitir hollín ni humo.

El coque se convirtió, desde su inicio, en el combustible preferido de la industria siderúrgica en Inglaterra y fue adoptado en otras industrias (incluyendo la industria del malteado). El uso del coque para tostar malta, junto a la mejora de los hornos de tostado, produjo una variedad de malta más clara sin el tradicional ahumado de las maltas clásicas. La primera mención conocida del término Pale Ale fue cerca de 1703 y ya por 1780 era de uso general. Comenzando el siglo XIX (hacia 1800), a las “Pale Ale” se les comienza a denominar “Bitters”.

¿No es lo mismo una Bitter que una Pale Ale? …pues casi, pero hay algunas diferencias. Lo primero que cabe mencionar es que en Inglaterra es más común usar Bitter, aunque la denominación Pale Ale es más antigua. Las Pale Ale son generalmente embotelladas mientras que las Bitters, en Inglaterra, se sirven en los Pubs directamente de barril. Las Pale Ales son un poco más pesadas, menos lupulizada y con cierto gusto a malta.

Este uso de maltas menos tostadas (Pale malt) no quiere decir que todas las Pale Ale sean cervezas de color claro, puesto que la mayoría son de color tostado, rojizo  o ámbar, pero sí que son sustancialmente más claras que las cervezas oscuras que se consumían con anterioridad.

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La mayoría sitúa su origen en el norte de Inglaterra, concretamente en la ciudad de Burton-on-Trent, pero hay quien defiende que la primera Pale Ale se elaboró en Londres, concretamente en Greenwich. Esta eterna controversia quedará ahí por siempre para que los Ingleses tengan temas de discusión cervecera.

Las Ales producidas en la zona de Burton fueron consideradas de alta calidad. Como se descubrió después, el agua local contenía un alto nivel de sulfatos lo que resultó beneficioso para la elaboración de cerveza. Las Ales producidas con el agua de Burton tenían una gran claridad y se les podía dar amargor en un grado mucho más alto que las Ales elaboradas con el agua carbonatada usada por los cerveceros en Londres. Después de saber esto, el agua fue químicamente estudiada y curiosamente, los cerveceros a lo largo de Inglaterra comenzaron a tratar su agua replicando las aguas de Burton-on-Trent mediante un proceso conocido como “Burtonización”.

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Su cuerpo es ligero o medio-ligero. De carbonatación baja, aunque algunas Pale Ale embotelladas o en lata pueden tener una carbonatación moderada. Los mejores ejemplos de las cervezas Pale Ale contienen aroma de malta, a menudo (aunque no siempre) con un toque caramelizado.

De un ligero color amarillo a un ligero cobre, con una claridad brillante. La espuma se mueve entre un blanco moderado y un blanco pálido. A veces puede escasear debido a la baja carbonatación.  Tienen un amargor entre medio y alto. Son cervezas muy bebibles, a causa de la baja densidad, los bajos índices de alcohol y la poca carbonatación. Son moderadamente afrutadas y su singularidad está en la adición del lúpulo. Originariamente es una cerveza que se sirve muy fresca y tirada bajo muy poca o ninguna presión, y que se conserva a temperatura de bodega.

Los sabores a caramelo son frecuentes, aunque ni son obligatorios ni estarán presentes en todas las Pale Ale. El equilibrio de la cerveza se encuentra en el amargor, aunque ese amargor no debería dominar nunca por completo el sabor a malta, ésteres y lúpulo. En las variedades inglesas el aroma a lúpulo puede ser de moderado a casi imperceptible, pero en las americanas, donde el lúpulo suele añadirse de forma agresiva y tardía, es más frecuente percibirlo.

Otras derivaciones que surgen de las Pale Ale y de las que ya hablaremos mas adelante son : Strong Pale Ale -American Pale Ale – India Pale Ale – Doble IPA – Imperial IPA – Black IPA.

Salud.

“Pandora” – The Flying Inn

Pandora es una cerveza que estaba esperando tener a tiro para poder probarla. Una de esas cervezas que, sí o sí, hay que probar porque uno está convencido de que no te va a defraudar. Es como la comida casera, como Leo Messi, o como un Lada Niva… nunca te vas a equivocar con ellos porque nunca fallan.

En este caso, la certeza de haber elegido bien está respaldada por todas las grandes referencias que, con anterioridad, han elaborado los chicos de The Flying Inn. En Enero de 2018, después de “Elefantes de Guerra Telepáticos”, “Libélulas” (parece ser el germen de esta Pandora), “Ectoplasmas” y demás familia… aparece esta nueva creación que nos vuelve las papilas gustativas del revés.

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Su nombre es Pandora y sus creadores son Juan y Cesar los “gipsy brewers” que conforman esa bendita locura errante que se llama “The Flying Inn” (Valladolid). Está elaborada por ellos en Guadalajara y aquí tenéis, para poder curiosear, un enlace a su web: The Flying Inn

El estilo de la cerveza es Doble IPA y su volumen de alcohol es de 7,7% con un total de 80 IBUs de amargor. Para elaborarla se ha usado una mezcla de 6 maltas (mezclando cebada, trigo y avena) y 2 lúpulos: Columbus y Citra. El formato de la cerveza: botellín de 33cl.

El diseño de la etiqueta sigue la línea de sus últimas elaboraciones y entremezcla muy bien una imagen moderna con cierta atracción hacia algunas obras del Arte universal. Como Historiador esto me encanta, pero creo que lo más importante es que están consiguiendo crear su propia “imagen de marca”. Podemos reconocer que son cervezas de The Flying Inn simplemente al ver su etiqueta.

En este caso se elige un cuadro Neoclásico (1890) de William-Adolphe Bouguereau que representa a Pandora. Quien, en la mitología griega, fuera la primera mujer creada por Zeus y la que trajo la desgracia a la humanidad al desobedecer sus órdenes (abriendo la dichosa cajita). ¿Os suena de algo esta historia?.

Esta cerveza tiene una valoración de 4,15 sobre 5 puntos en la conocida aplicación cervecera Untappd – https://untappd.com/b/the-flying-inn-pandora/2489214

Notas de cata:

Deschapado normal, nada fuera de lo común.

Cuerpo bastante denso que, al servir, genera una espuma blanca muy cremosa. Buena retención que, con el paso de los minutos, termina por dejar una fina capa de espuma cubriendo la cerveza. El color es dorado y presenta una alta turbidez. Aunque se trate de una cerveza turbia, los sedimentos no aparecen en la copa pero, conservada como estaba en frío, encontramos una buena cantidad de ellos en el fondo del botellín. Todos esos posos, que se quedan ahí al fondo, han ayudado a aportar cuerpo y cremosidad en la copa. Así que no me los bebo, pero tienen todos mis respetos.

En nariz su aroma es muy lupulado pero frutal, nada agresivo. Predominan los tonos tropicales de mandarina y pomelo, de ese potente aromatizante que es el lúpulo Citra. Ciertas notas maltosas acompañan al fondo vegetal de enebro. Removida la copa esto es una macedonia muy golosa.

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En boca es muy cremosa y tiene bastante cuerpo. Es densa. La carbonatación es media-baja, apenas notamos burbuja y esto hace que el trago sea muy agradable. Más que un zumo (por la cremosidad que tiene) yo hablaría de que estamos ante una “crema de frutas tropicales”. Sin duda que la avena ha ayudado a matizar la acidez/astringencia de los lùpulos, redondeando muchísimo el paso por boca.

Al final del trago, casi en la garganta, es donde nos encontramos con la parte más “agresiva” del lúpulo en forma de amargor. Pero no es para nada desagradable y su duración es bastante corta. Los 80 IBUs teóricos no se desmadran por nuestro paladar.

Boca frutal, suave y densa. De sabores lupulados largos pero muy lejos de ser cargante. Personalmente la sequedad/resina que pudiera haber en esta cerveza quedan muy pulidas por la cremosidad predominante en el trago.  Diría que para ser una Doble IPA, para mi gusto, es incluso delicada.

El volumen de alcohol es de 7,7% pero resulta sumamente fácil de beber. Me resulta una cerveza perfectamente equilibrada en amargor, cuerpo, sabores, aromas, sequedad y alcohol. Es una cerveza donde todo en ella es intenso pero ningún elemento se impone descaradamente al resto. Armonizan a la perfección.

En resumen (y como era de esperar) estamos ante una cerveza riquísima. Puede que a los más apasionados del lúpulo les falte amargor y resina pero, para mí, cumple perfectamente con lo que debe ser una Doble IPA: mucha carga de lúpulo (en este caso bien dominado), un mayor grado de alcohol (que no se aprecia en absoluto) y contundencia en sabores y aromas (es cremosa pero muy intensa).

No dejéis de probar esta y/o cualquier otra referencia de estos chicos. Como decía al principio, son una apuesta segura.

Salud.