Estilos de Cerveza – Pale Ale

Dentro del mundo de la cerveza nos encontramos con algunos estilos que han surgido de la forma menos pensada. En la aparición de estos nuevos estilos han entrado en juego factores como la industrialización, el comercio exterior, los ingredientes locales, etc. Podríamos asegurar que algunas de las cervezas más populares de hoy en día simplemente aparecieron gracias a una feliz casualidad, a la suerte. En este artículo trataré explicar los orígenes de la cerveza tipo Pale Ale.

Cerveza “Pale Ale” se puede traducir como “ale pálida, o “ale clara” y define a un estilo surgido en Inglaterra en el siglo XVII. Situamos su origen durante la Revolución Industrial y su aparición se vincula estrechamente a las mejoras técnicas llevadas a cabo en la industria siderúrgica inglesa.

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Empezaremos explicando que en el Reino Unido, hasta antes de la Revolución Industrial, la mayoría de las cervezas eran de color oscuro. La razón es muy fácil de entender: las maltas que se utilizaban en la elaboración estaban muy tostadas.

Pensemos que, antes de la Revolución Industrial, se utilizaban como combustible en los hornos de malteado la madera o el carbón vegetal. En los hornos antiguos, y con esos combustibles, era muy difícil controlar las temperaturas de combustión. Malteando en estas condiciones, los granos tenían siempre un carácter ahumado y colores muy oscuros. El resultado obtenido era siempre maltas muy tostadas o incluso quemadas.

Como punto clave en la mejora de los tostados de malta nos encontramos en 1642 con el inicio del uso, en la industria Inglesa, del carbón mineral (coque/coke) como combustible. El coque/coke es un derivado (un destilado) de los carbones minerales más bastos. Es sometido a un proceso que elimina el alquitrán, los gases tóxicos y el agua, llegando a concentrar entre un 90 y 95% de carbono (que es el principal elemento para la combustión). Lo mejor de todo es que este tipo de carbón genera una gran cantidad de calor sin emitir hollín ni humo.

El coque se convirtió, desde su inicio, en el combustible preferido de la industria siderúrgica en Inglaterra y fue adoptado en otras industrias (incluyendo la industria del malteado). El uso del coque para tostar malta, junto a la mejora de los hornos de tostado, produjo una variedad de malta más clara sin el tradicional ahumado de las maltas clásicas. La primera mención conocida del término Pale Ale fue cerca de 1703 y ya por 1780 era de uso general. Comenzando el siglo XIX (hacia 1800), a las “Pale Ale” se les comienza a denominar “Bitters”.

¿No es lo mismo una Bitter que una Pale Ale? …pues casi, pero hay algunas diferencias. Lo primero que cabe mencionar es que en Inglaterra es más común usar Bitter, aunque la denominación Pale Ale es más antigua. Las Pale Ale son generalmente embotelladas mientras que las Bitters, en Inglaterra, se sirven en los Pubs directamente de barril. Las Pale Ales son un poco más pesadas, menos lupulizada y con cierto gusto a malta.

Este uso de maltas menos tostadas (Pale malt) no quiere decir que todas las Pale Ale sean cervezas de color claro, puesto que la mayoría son de color tostado, rojizo  o ámbar, pero sí que son sustancialmente más claras que las cervezas oscuras que se consumían con anterioridad.

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La mayoría sitúa su origen en el norte de Inglaterra, concretamente en la ciudad de Burton-on-Trent, pero hay quien defiende que la primera Pale Ale se elaboró en Londres, concretamente en Greenwich. Esta eterna controversia quedará ahí por siempre para que los Ingleses tengan temas de discusión cervecera.

Las Ales producidas en la zona de Burton fueron consideradas de alta calidad. Como se descubrió después, el agua local contenía un alto nivel de sulfatos lo que resultó beneficioso para la elaboración de cerveza. Las Ales producidas con el agua de Burton tenían una gran claridad y se les podía dar amargor en un grado mucho más alto que las Ales elaboradas con el agua carbonatada usada por los cerveceros en Londres. Después de saber esto, el agua fue químicamente estudiada y curiosamente, los cerveceros a lo largo de Inglaterra comenzaron a tratar su agua replicando las aguas de Burton-on-Trent mediante un proceso conocido como “Burtonización”.

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Su cuerpo es ligero o medio-ligero. De carbonatación baja, aunque algunas Pale Ale embotelladas o en lata pueden tener una carbonatación moderada. Los mejores ejemplos de las cervezas Pale Ale contienen aroma de malta, a menudo (aunque no siempre) con un toque caramelizado.

De un ligero color amarillo a un ligero cobre, con una claridad brillante. La espuma se mueve entre un blanco moderado y un blanco pálido. A veces puede escasear debido a la baja carbonatación.  Tienen un amargor entre medio y alto. Son cervezas muy bebibles, a causa de la baja densidad, los bajos índices de alcohol y la poca carbonatación. Son moderadamente afrutadas y su singularidad está en la adición del lúpulo. Originariamente es una cerveza que se sirve muy fresca y tirada bajo muy poca o ninguna presión, y que se conserva a temperatura de bodega.

Los sabores a caramelo son frecuentes, aunque ni son obligatorios ni estarán presentes en todas las Pale Ale. El equilibrio de la cerveza se encuentra en el amargor, aunque ese amargor no debería dominar nunca por completo el sabor a malta, ésteres y lúpulo. En las variedades inglesas el aroma a lúpulo puede ser de moderado a casi imperceptible, pero en las americanas, donde el lúpulo suele añadirse de forma agresiva y tardía, es más frecuente percibirlo.

Otras derivaciones que surgen de las Pale Ale y de las que ya hablaremos mas adelante son : Strong Pale Ale -American Pale Ale – India Pale Ale – Doble IPA – Imperial IPA – Black IPA.

Salud.

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“Pandora” – The Flying Inn

Pandora es una cerveza que estaba esperando tener a tiro para poder probarla. Una de esas cervezas que, sí o sí, hay que probar porque uno está convencido de que no te va a defraudar. Es como la comida casera, como Leo Messi, o como un Lada Niva… nunca te vas a equivocar con ellos porque nunca fallan.

En este caso, la certeza de haber elegido bien está respaldada por todas las grandes referencias que, con anterioridad, han elaborado los chicos de The Flying Inn. En Enero de 2018, después de “Elefantes de Guerra Telepáticos”, “Libélulas” (parece ser el germen de esta Pandora), “Ectoplasmas” y demás familia… aparece esta nueva creación que nos vuelve las papilas gustativas del revés.

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Su nombre es Pandora y sus creadores son Juan y Cesar los “gipsy brewers” que conforman esa bendita locura errante que se llama “The Flying Inn” (Valladolid). Está elaborada por ellos en Guadalajara y aquí tenéis, para poder curiosear, un enlace a su web: The Flying Inn

El estilo de la cerveza es Doble IPA y su volumen de alcohol es de 7,7% con un total de 80 IBUs de amargor. Para elaborarla se ha usado una mezcla de 6 maltas (mezclando cebada, trigo y avena) y 2 lúpulos: Columbus y Citra. El formato de la cerveza: botellín de 33cl.

El diseño de la etiqueta sigue la línea de sus últimas elaboraciones y entremezcla muy bien una imagen moderna con cierta atracción hacia algunas obras del Arte universal. Como Historiador esto me encanta, pero creo que lo más importante es que están consiguiendo crear su propia “imagen de marca”. Podemos reconocer que son cervezas de The Flying Inn simplemente al ver su etiqueta.

En este caso se elige un cuadro Neoclásico (1890) de William-Adolphe Bouguereau que representa a Pandora. Quien, en la mitología griega, fuera la primera mujer creada por Zeus y la que trajo la desgracia a la humanidad al desobedecer sus órdenes (abriendo la dichosa cajita). ¿Os suena de algo esta historia?.

Esta cerveza tiene una valoración de 4,15 sobre 5 puntos en la conocida aplicación cervecera Untappd – https://untappd.com/b/the-flying-inn-pandora/2489214

Notas de cata:

Deschapado normal, nada fuera de lo común.

Cuerpo bastante denso que, al servir, genera una espuma blanca muy cremosa. Buena retención que, con el paso de los minutos, termina por dejar una fina capa de espuma cubriendo la cerveza. El color es dorado y presenta una alta turbidez. Aunque se trate de una cerveza turbia, los sedimentos no aparecen en la copa pero, conservada como estaba en frío, encontramos una buena cantidad de ellos en el fondo del botellín. Todos esos posos, que se quedan ahí al fondo, han ayudado a aportar cuerpo y cremosidad en la copa. Así que no me los bebo, pero tienen todos mis respetos.

En nariz su aroma es muy lupulado pero frutal, nada agresivo. Predominan los tonos tropicales de mandarina y pomelo, de ese potente aromatizante que es el lúpulo Citra. Ciertas notas maltosas acompañan al fondo vegetal de enebro. Removida la copa esto es una macedonia muy golosa.

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En boca es muy cremosa y tiene bastante cuerpo. Es densa. La carbonatación es media-baja, apenas notamos burbuja y esto hace que el trago sea muy agradable. Más que un zumo (por la cremosidad que tiene) yo hablaría de que estamos ante una “crema de frutas tropicales”. Sin duda que la avena ha ayudado a matizar la acidez/astringencia de los lùpulos, redondeando muchísimo el paso por boca.

Al final del trago, casi en la garganta, es donde nos encontramos con la parte más “agresiva” del lúpulo en forma de amargor. Pero no es para nada desagradable y su duración es bastante corta. Los 80 IBUs teóricos no se desmadran por nuestro paladar.

Boca frutal, suave y densa. De sabores lupulados largos pero muy lejos de ser cargante. Personalmente la sequedad/resina que pudiera haber en esta cerveza quedan muy pulidas por la cremosidad predominante en el trago.  Diría que para ser una Doble IPA, para mi gusto, es incluso delicada.

El volumen de alcohol es de 7,7% pero resulta sumamente fácil de beber. Me resulta una cerveza perfectamente equilibrada en amargor, cuerpo, sabores, aromas, sequedad y alcohol. Es una cerveza donde todo en ella es intenso pero ningún elemento se impone descaradamente al resto. Armonizan a la perfección.

En resumen (y como era de esperar) estamos ante una cerveza riquísima. Puede que a los más apasionados del lúpulo les falte amargor y resina pero, para mí, cumple perfectamente con lo que debe ser una Doble IPA: mucha carga de lúpulo (en este caso bien dominado), un mayor grado de alcohol (que no se aprecia en absoluto) y contundencia en sabores y aromas (es cremosa pero muy intensa).

No dejéis de probar esta y/o cualquier otra referencia de estos chicos. Como decía al principio, son una apuesta segura.

Salud.

IV Intercambio Cervecero

Hace poco más de un mes que el compañero Txemi “Sargs” (una de esas marcas de cerveza riojana que se va haciendo fija en los paladares cerveceros más exigentes) me encaminó hacia un grupo de amantes de las cervezas artesanas.

Me dijo algo así como: “son una gente que intercambian diferentes cervezas artesanas españolas… seguro que te gusta”. Al poco tiempo contactaron conmigo, me explicaron el proyecto y decidí subirme al tren de los Intercambios Cerveceros.

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Fue a mediados de 2017 cuando un par de aficionados cerveceros Javier y Carlos, decidieron empezar a intercambiarse diferentes cervezas artesanas entre Cantabria y Madrid. Así empezó todo y así se fue creando una red de intercambio de cervezas artesanas entre diferentes provincias españolas.

Esto es en esencia Intercambios Cerveceros, una iniciativa que poco a poco ha ido creciendo hasta llegar a las más de 24 personas, de diferentes provincias españolas, que estamos participando en esta cuarta edición. Somos gente que queremos descubrir todas las cervezas posibles, y llevarlas a lugares donde difícilmente llegarían por falta de distribución.

Para conocer de forma un poco más extensa el proyecto (incluso si quieres participar como intercambiador o como patrocinador) se puede curiosear en este enlace a nuestra web.

Bien, pues dicho todo esto, en Febrero 2018 ha comenzado oficialmente el IV Intercambio Cervecero. Realizado el sorteo de manera solemne, a mi (representante de La Rioja) me toco en suerte la provincia de Valencia representada por el compañero Juan.

Como delegado Riojano me tocó ponerme en contacto con los elaboradores de la zona, encontrando una gran respuesta por su parte. Cervezas Sargs, Cervezas Beertag y Cervezas Rivvo de Ogga, decidieron participar como patrocinadores riojanos y también se unió a la iniciativa la cervecería navarra Kondaira. Desde aquí agradecerles a todos su apoyo y todas las facilidades que nos han puesto.

Una vez recopiladas todas las muestras y tras preparar cuidadosamente el envío, se han marchado para Valencia nada más y nada menos que 10 cervezas diferentes de la zona Rioja-Navarra:

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La Session IPA, la IPA y la Amber Ale de Cervezas Sargs

La Blond Ale, la APA y la IPA de Cervezas Beertag

La Almazuela (Belgian dark strong Ale) de Cervezas Rivvo de Ogga

La Blanca (Witbier), la Especial (Dark lager) y la Tostada (Bock) de Cervezas Kondaira

Y en sentido inverso he recibido desde Valencia 9 referencias diferentes. Las muestras de los participantes Valencianos son:

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La Blonde Ale, la Trigo y la Cap Blanc (Session IPA) de Althaia Artesana

La Porter de Valentivm Cerveza Artesana

La Blond Ale de Cerveza Tyris

La Pica en Flandes (Golden belga) de Antiga Artesana

La Zetta Helles (Bavarian helles) de Zeta Beer

La IPAnnossaurus Rex (Imperial IPA) de Cervezas Alegría

…y entrando en el lote como extra un Hidromiel elaborado por Cervezas Hordago de Valladolid

Presentada la iniciativa y presentados los dos lotes del intercambio Valencia-La Rioja/Navarra, ya solo nos queda ir probando las cervezas y valorando todas su virtudes (que serán muchas). Podéis seguir estas y todas las valoraciones de todos los compañeros participantes, en nuestras redes sociales: Twitter, Instagram, Facebook o buscando el hashtag: #deintercambio

Seguiremos informando. ¡Salud!

“We love whisky” – La Calavera

Hoy me toca disfrutar de una de esas cervezas que se compran con la intención de no beberlas… por lo menos inmediatamente. Una de esas cervezas que se sientan en la última fila de la clase.

Y ocupan la última fila, literalmente, porque son cervezas potentes que tienen una buena guarda, envejecen bien, y se van quedando en el fondo de la nevera, en la parte trasera de la balda de las cervezas, justo detrás de los otros botellines que van a ir cayendo primero.

Pues hoy llegó su hora. Tras apartar unos cuantos botellines de brebajes lupulados para consumir en fresco, cervezas veraniegas y “de temporada”,  junto a una cerveza belga navideña de 2016… allí estaba esperándome este botellín de “La Calavera”.

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El nombre de esta cerveza es We love Wisky y sus autores son Cervezas La Calavera localizados en Sant Joan de les Abadesses (Girona).

Para que podáis echarle un vistazo, este es su sitio web: La Calavera Brewing Coop. – Sant Joan de les Abadesses (Girona) – http://www.lacalavera.cat

El estilo de la cerveza es Imperial Stout “whisky oak barrel aged” (madurada en barricas de roble usadas en whisky).

El formato de botellín es un poco más grande de lo normal: 37,5 cl.

Tiene un volumen de alcochol de 9,2% y 90 IBUs

En la etiqueta, de estilo bastante “tattoo vintage”, vemos el dibujo de una damajuana, de esas que se usan para elaborar mejunjes alcohólicos, y la imagen de la calavera con barretina (marca de la casa). También vemos una cinta en la que leemos el nombre de la cerveza (we love whisky) y alguna de sus especificaciones (alcohol, IBUs y estilo Istout). Etiqueta sencilla, pero concisa.

Esta cerveza alcanza una puntuación de 94 puntos sobre 100 en la web-social de cervezas Ratebeer  – https://www.ratebeer.com/beer/la-calavera-we-love-whisky/475274/

“We love whisky” está enmarcada en las “wood series” de esta cervecería (cervezas maduradas en barricas de roble) pero al ser tiradas limitadas, diría que ya está fuera de producción.

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Notas de cata:

Al quitar la chapa aparece una gasificación normal. Al servirla se aprecia un cuerpo muy denso, por tanto no genera demasiada espuma. La poca espuma que aparece es de color tostado. Se forma una pequeña corona que no tarda demasiado en desaparecer, dejando la copa con la apariencia que tiene el mar cuando, desafortunadamente, un petrolero se parte por la mitad.

Negrura absoluta, cerveza completamente opaca y aceitosa en su textura. Yo diría que absorbe la luz a su alrededor.

Encuentro bastante sedimento. Una parte desciende al fondo de la copa y el resto queda en el botellín ensuciando el cristal al terminar de servirla. Una simple cuestión estética. No me molestan los posos naturales en las bebidas naturales.

Servida fría, en nariz destaca su tono dulzón muy goloso. Las maltas tostadas tienen todo el protagonismo, café tostado, cacao y sutiles tonos ahumados. Removida la copa aparece un fondo final como de oliva negra. Cuando se templa, el aroma dulzón se vuelve escandaloso. Las maltas y la madera/whisky ganan presencia.

En boca es cremosa y tiene bastante cuerpo. Densa. Lo que no tiene apenas es carbonatación, es un auténtico licor. El gusto es dulce de inicio, con un punto de acidez a mitad de trago, e intenso final amargo y seco del roble/whisky.

También encontramos el cacao en boca, con un punto dulce de vainilla y regaliz. Frutas maduras. Predominantes tonos tostados y dulces muy variados. El fondo en boca es por completo para la maduración realizada en maderas tostadas. Astringencia y torrefactos con el gusto final seco del whisky.

Los sabores tienen una persistencia larga, siendo una cerveza para disfrutar sin prisas. No menciono nada de la graduación 9,2% porque es lo menos apreciable dentro de este festival de elegantes tostados y dulces.

Es un término muy recurrente en esto de la cata, pero verdaderamente estamos ante una cerveza muy compleja. Parece mentira que se utilice la misma palabra (cerveza) para definir a una lager comercial y a caprichos como este. Estamos ante una “Señora Cerveza” que en su resolución resulta estar muy equilibrada.

Puede ser complicado encontrar, a día de hoy, esta referencia de La Calavera pero os recomendaría probar cualquiera de sus creaciones. Os encontraréis, como mínimo, con cervezas muy bien elaboradas. Personalmente, los “petróleos” que hacen estos tíos son mi debilidad y son dignos de elogio. Así que ya sabéis…

Salud.

 

“Hidromiel Tradicional” – Valhalla

Lo que toca comentar hoy es una de las bebidas más antiguas de la historia (hay quien la coloca históricamente por delante del vino y como precursora de la cerveza) el Hidromiel.

Culturas tan diferentes como los mayas, los celtas, los griegos y los romanos lo bebieron en sus diferentes variantes. El hidromiel es una bebida fermentada en base a dos ingredientes fundamentales: agua y miel. Dependiendo de la calidad de la miel, de la cantidad de agua en la que se diluye y de los ingredientes añadidos, tendremos resultados diferentes  en cuanto a sabores, aromas, dulzor y grado de alcohol.

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Al elaborar hidromiel no es raro que se agreguen cáscaras de frutas, canela, clavos de olor, hojas de menta, etcétera. Su grado de alcohol puede variar entre 8% y 15% vol. Pero por raro que nos pueda parecer, el hidromiel no es una bebida necesariamente dulce, todo dependerá del azúcar que haya quedado sin fermentar. Eso sí, a mayor cantidad de azúcar transformado más alta será la graduación final.

Podríamos catalogar sus diferentes grados de dulzor prácticamente igual a como se catalogan los vinos, el champán, o el cava: seco, semi-seco o dulce.

Algunas curiosidades más sobre esta bebida: es completamente apta para celíacos, es vigorizante y hay quien dice que afrodisíaca. Y lo mejor de todo, pese a su grado de alcohol elevado, que no produce resaca ni dolor de cabeza por no contener lípidos (ácidos grasos que, entre otras cosas, nos dejan baldados la mañana siguiente de una juerga).

Explicado todo esto, tengo que reconocer que este es el primer hidromiel que pruebo. Pero no será el último, ya que SS.MM. los Reyes Magos de Oriente tuvieron la cortesía de dejar (junto a mis zapatos) dos botellines de hidromiel, de estilos diferentes, procedentes de la misma bodega.

Su nombre es Valhalla (Hidromiel tradicional) y está elaborado por Bodegas Valhalla, S.L. en Sevilla. Aquí tenéis el enlace a su web para quienes queráis curiosear sus productos: https://valhalla.es/es/

Su estilo: Hidromiel tradicional

Formato: botellín de 33cl

Especificaciones: 11% volumen de alcohol

Diseño: el estilo es sencillo y limpio. Como imagen principal en la etiqueta vemos el “árbol de la vida” símbolo sagrado y fundamental en la mitología celta. Una buena elección, siendo el hidromiel la bebida más popular en muchas de las antiguas culturas nórdicas.

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Notas de cata:

Al quitar la chapa apreciamos un gas aparentemente normal, como si abriéramos una cerveza. Aunque el chispazo tampoco es demasiado intenso.

Al servirlo no crea espuma. Y al tratar de generarla me doy cuenta de que estoy perdiendo el tiempo. No es una bebida en la que se busque o que necesite tener una densa corona de espuma. Servida en la copa y pasados breves segundos la apariencia es más la de un zumo de piña que la de una cerveza.

El color es un amarillo limón pálido (muy parecido a las witbier) turbio y con nulo sedimento. Si acaso se aprecia una ligera niebla en el fondo de la copa que no llega a sedimentar.

Servido frío, encontramos una nariz dulce, asidrada y con un fondo entre floral y balsámico. Le sale un leve tono como de eucalipto. También podría recordar a la manzanilla o al té. Cuando se atempera destaca su aroma único, poco parecido a los aromas que reconocemos en cervezas o vinos. Predomina un interesante tono floral, balsámico y dulce, con ese fondo asidrado que recuerda la manzana verde.

En boca es muy ligera de cuerpo, ácida y aunque no tiene demasiada carbonatación, se nota un punto chispeante tanto en la punta como en los lados de la lengua. Al final del trago un leve resto de amargor se aloja en la parte de atrás de la lengua.

La sensación de alcohol 11%, en boca, no es muy diferente a la que tendríamos al beber una copa de vino blanco seco. Es decir, el equilibrio entre lo frutal y la frescura se imponen a la pesadez cálida del alcohol.

Es muy rica y bebible. El sabor es realmente muy poco dulce para lo que me esperaba. La definiría como floral y ácida. Puede parecer un comentario muy esnob pero en boca encuentro un recuerdo intenso a fruta de la pasión, muy muy parecido a los vinos de pasiflora que se elaboran en Israel.

Es un trago seco, con un nivel de acidez muy aceptable (pero nada ofensivo) y muy refrescante. El tono floral permanece en la boca y un agradable gusto ácido se desvanece poco a poco invitando a tomar otro trago.

En resumen, que acabo de descubrir una muy buena bebida para tomar de aperitivo. Es cierto que me esperaba encontrar (dado mi desconocimiento en la materia) una bebida dulzona, casi un jarabe. Pero nada más lejos de la realidad. Esta Valhalla Tradicional se revela como una bebida ligera, refrescante y nada pesada.

Un trago perfecto para sentarse a la mesa y acompañar unos embutidos, paté o quesos ligeros, mientras discutimos sobre el tipo de maridaje que le dieron los vikingos a esta bebida milenaria siglos atrás.

Un interesante descubrimiento. Salud.